EL RELOJ DE PELÍCULAS

 

En un pueblo, a las afueras de Madrid, vivía un niño llamado Enrique. Enrique no era un niño normal, más bien dicho, tenía escondido un secreto que no sabía nadie: tenía un reloj, pero no uno cualquiera, le permitía adentrarse en películas que veía.

Enrique tenía 10 años y era de estatura mediana y no era ni guapo ni feo. Su padre era holandés y su madre, madrileña. Por eso tenía esta pinta de “guiri”. Su mejor amigo, Aritz, era un niño vasco que por causas de trabajo de sus padres, se fueron a vivir al pueblo de Enrique, Chinchón.

Era un sábado, noche lluviosa. Enrique y Aritz se quedaron a ver una película en casa de Enrique. La idea de ese día era que con el reloj de Enrique entrasen en una película. No sabían qué película ver. Estaban entre la de “Titanic” y el “musical de Abba”. Finalmente escogieron “Titanic”. Como dice la película, salieron una mañana. Enrique y Aritz se incorporaron al barco como todos los pasajeros. Entraron en su habitación a hablar un rato. Al cabo de una hora fueron a la piscina a refrescarse un poco y allí conocieron a Jack y estuvieron conversando un rato. Ellos dos ya sabían que iba a haber un naufragio y su misión era idear un plan para evitar el naufragio que ellos no podían parar.

Llegó el día de la típica escena de que Jack sostiene a Rose. Ellos dos fueron a verla y se pusieron al lado de ellos y para reír un poco Aritz se puso a sostener a Enrique para imitarlos. Rieron mucho. Ese día era el día para idear el plan. Ellos dos se sentaron en la terraza bajo la lluvia y cogieron un bolígrafo y un papel y se pusieron a pensar . Ya lo tenían, había que construir más botes, pero para eso necesitaban más gente. Por eso organizaron un taller de construcción de botes salvavidas. Y llamaron al técnico de construcción. Él trajo mucha madera y herramientas y casi toda la gente se puso a construir.

Llegó la noche. Todo el mundo estaba durmiendo y de repente un ruido muy fuerte sonó por todo el barco. ¡Se había hecho un agujero en el casco! Era la hora de actuar. Por cierto, el reloj tenía un cierto tiempo para la misión y en esos momentos les quedaban 30 minutos. Obviamente no iba a tener tiempo de salvar a todas las personas ya que el naufragio duró muchas horas. La única manera de conseguirlo era parar el tiempo cosa que Enrique no sabía hacer.

El reloj tenía dos botones que Enrique no había pulsado nunca. Uno de esos dos era para parar el tiempo. Se tuvieron que arriesgar y a echarlo a suerte. Enrique quería pulsar el de la derecha y Aritz el de la izquierda. Hubo un “minidebate” hasta que llegaron a una conclusión, el de la derecha. Iban a pulsarlo pero en ese momento pasó una gaviota y… ¡Pulsó el de la izquierda! ¡Y el tiempo se detuvo! Enrique y Aritz salvaron  a casi todas las personas y volvieron a la vida normal. Habían conseguido su objetivo y habían cambiado la historia.

 

FIN

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *